Todos somos maestros
En cierta
ocasión estaba impartiendo un curso de Reiki y hablando sobre los maestros
espirituales, exponiendo mi criterio según mi experiencia vivida desde muy
joven, cuando una de las asistentes al curso me dijo, “todos somos maestro y a la vez
discípulos”. ¡Me encantaron esas palabras, que bien definía esa frase
lo que yo sentía!.
A la
edad de 17 años comencé a tener contacto con maestros espirituales,
porque necesitaba respuesta; me pasé muchos años estudiando, investigando,
practicando etc y aunque reconozco que esto me ayudó mucho en mi desarrollo
espiritual, también la experiencia que he ido adquiriendo en estos años me dice
que hay que ser prudentes en este aspecto, ya que no todos los maestros son lo
que parecen ser, y lamentablemente hay personas ingenuas, que van a ellos en un
estado grande de vulnerabilidad, y muy dispuestas a hacer lo que los “maestros”
les dicen y que más tarde lo lamentan. Aunque
esto no es lo habituar si hay que tener cuidado.
Lo más habitual
y lo que a mí me hace pararme a discernir; es ver cómo la necesidad espiritual
de algunas personas, a veces, las hace ser dependientes de los maestros. Buscan
en estos no sé qué píldora milagrosa que les ayude a tener lucidez, sentirse
bien, ser felices etc. ¡como si eso pudiera proporcionárselo alguien o algo
externo a ellas!. Se requiere un cambio en la mente para así entender, que todo
lo que la persona busca no es externo, está en ella, y es en ese cambio donde
el maestro puede ayudar si la persona está dispuesta.
Así mismo la
dependencia es algo que también puede afectar a los maestros. El ego juega un
papel muy importante aquí. Puede haber un yo que se sienta necesitado, casi
imprescindible por parte del maestro y no lo deje ver su verdadera motivación
al darse a otros. El verdadero motivo del maestro espiritual quedó muy bien
definido en las palabras de un apóstol de Jesucristo; el apóstol Pablo. En su primera carta a los Corintios,
que resumo a continuación; dice así 1ª Corintios 13: 1-5: “Si hablo las lenguas de los
hombres y de los ángeles y si tengo toda la fe para trasladar montañas pero no
tengo amor, he venido a ser un pedazo de bronce sonante o un címbalo
estruendoso. El amor no se vanagloria ni se hincha”.
El amor debe
ser el motor de empuje del maestro espiritual. Y su misión ayudar a las
personas que acuden a él, a que desarrollen su conciencia y encuentren en su
interior a su propio maestro.
Pero “todos los maestros son también
discípulos”, decía la segunda parte de esa frase que tanto me gustó. Sí, la
vida está enseñando continuamente a todas las personas y también a los maestros
espirituales, ya que igualmente se requieren cambios en la mente de estos, de
hecho, la enseñanza que descansa tras lo que dicen les enseña a ellos
y refuerza lo que creen.
Por lo
tanto, mi discernimiento me dice que está bien por un tiempo, "solo el
necesario", prestar atención a ese maestro que con su sabiduría y amor te
enseña a dirigir tu mirada, y ver más allá, a medida que vas dejando de ser
inconsciente y va surgiendo un cambio en tu conciencia y descubres a tu maestro
interior.
Inma Zamorano
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