Recientemente
he descubierto algo.
He
descubierto que no sólo hay magia en la creación de la vida, en el
nacimiento.
He
descubierto la magia de la muerte.
Hay
que verla de cerca para hacer este descubrimiento.
Mientras
observaba a mi madre en su cama del hospital junto a mis hermanas y
mi hija, viendo su forzada respiración, recordé las palabras de la
biblia en génesis, cuando dice: "y Dios sopló en su narices
aliento de vida y el hombre llegó a ser alma viviente".
Esta
agitada respiración por un tiempo, a mi se me hizo eterna. Hubiera
querido quitarle este sufrimiento, si es que lo tenia; pero
inesperadamente su respiración cambió. Su aliento de vida se hizo
cada vez más débil, más débil, hasta que por fin después de unos
segundos hizo su última espiración y el aliento de vida
desapareció, expiró.
También
recordé esas palabras que casi todos hemos oído alguna vez:"
se fue apagando como una vela"
Así
es realmente como nuestro "aliento de vida nos deja",
nuestra energía vital desaparece.
Así
lo observé y sentí yo.
Siempre
que una persona muere en paz, sin ser una muerte trágica, debe ser
así pensé, y a pesar de mi gran dolor, sentí una gratitud inmensa por
haber sido testigo de este hecho. Con lagrimas en los ojos, di
gracias y dije: ¡Dios mio, cuando deje mi cuerpo, quiero hacerlo como ella!.
Gracias
madre por esta enseñanza.
Gracias
a la conciencia universal, por que hoy, soy un poquito más sabia y a
la vez más humilde.
Dedicado a Encarna Sánchez Lupiañez. Mi madre, en esta vida.
Dedicado a Encarna Sánchez Lupiañez. Mi madre, en esta vida.
Inma Zamorano

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