Sabemos qué estamos comiendo?
Según datos del ministerio de medio
ambiente, España cultivó en 2008 cerca de 80.000 hectáreas de maíz transgénico.
Este maíz contiene genes de bacteria que le permite producir una sustancia
insecticida.
Hasta ahora, las investigaciones que se
han hecho para determinar los riesgos de
este maíz modificado son insuficientes. Tampoco se sabe cuánto es necesario
consumir para sufrir las consecuencias. Hay países donde su consumo es muy alto
en sectores más pobres de la población. También el consumo de la soja es mayor
para muchas personas o para vegetarianos, por su alto contenido en proteínas.
Dos terceras partes de los alimentos que tomamos contienen
derivados de soja y de maíz.
Debido a que estos productos de gran
consumo, en su gran mayoría proceden de semillas transgénicas, los consumidores
de todo el mundo nos preguntamos: ¿Por qué se siguen permitiendo sus cultivos?,
¿por qué Argentina, Canadá Japón, Rusia
o Europa no investigan rigurosamente sobre la toxicidad de estos organismos, y
confían en las investigaciones que supuestamente ha hecho Estados Unidos?
Pues por más extraño que nos parezca
estamos dejando que Norteamérica, no
precisamente un ejemplo de una buena alimentación ,
sea la que decida qué vamos a sembrar en nuestros campos. Y no solo en nuestros
campos ya que a finales de los años
noventa, el gobierno estadounidense exigió a la organización mundial del
comercio, que Europa aceptase la ternera norteamericana modificada con la
hormona del crecimiento.
Inmaculada Zamorano
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